Día de los Reyes y de la Epifanía del Señor

El Día de los Reyes y de la Epifanía del Señor es una solemnidad de origen oriental, que nos recuerda la revelación de la declaración y la aparición del significado de la divinidad de Jesucristo para el mundo pagano a través de los Reyes Magos.
Es una de las fiestas más tradicionales de la iglesia, el Día de Reyes es celebrado por todos los católicos del mundo, recordando la visita de los Reyes Magos de Oriente para adorar a Jesús.

Antigua lengua persa

El término "mago" proviene de la antigua lengua persa y fue utilizado para indicar el país de sus orígenes: Persia. Eran reyes, porque él es uno de los sinónimos de esa palabra, también usada para nombrar a los discípulos sabios de una secta que adoraba a un solo Dios. Por lo tanto, no eran astrólogos ni brujas, por el contrario, eran enemigos de estas engañosas y misteriosas artes mágicas.
Los Reyes Magos esperaban ansiosamente la venida del Señor, que aun entre los paganos se esperaba, tan importante era la venida de Jesucristo al mundo, que Dios recompensó a estos hombres conocidos por su justicia y justicia con la Estrella de David para que la siguieran y encontraran al Hijo unigénito del Padre.

Tres Reyes Magos llegaron al lugar de nacimiento de Jesús

Como es bien sabido en la historia, los tres Reyes Magos llegaron al lugar de nacimiento de Jesús, y allí le dieron los dones que son los signos de la realeza del hijo de Dios:
El Insentido: representando la esencia divina de Cristo.
La Mirra: representa la esencia humana.
Oro: representa la realeza y la importancia de Jesús.
Durante mucho tiempo los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar tuvieron sus tumbas conservadas en el lugar de su muerte, pero en el año 474 sus restos fueron enterrados en Constantinopla (hoy Estambul en Turquía), que fue la ciudad cristiana más importante de Oriente, años más tarde fueron llevados a Italia en la ciudad de Milán, y en 1164 fueron llevados a Alemania en la ciudad de Colonia, donde se construyó la Catedral de los Reyes Magos, que conserva sus restos hasta hoy.

La revelación

En el siglo XII, con gran inspiración, san Beda, doctor de la Iglesia, describía los rostros de los tres Reyes Magos de la siguiente manera: "El primero, dice, era Melchor, viejo, circunspecto, con barba y pelo largo y canoso... El segundo se llamaba Gaspar y era joven, imbécil y rubio... El tercero, negro y totalmente barbudo, se llamaba Baltasar (cfr. "La palabra de Cristo", IX, p. 195)".
Dios reveló a su Hijo al mundo y les ordenó que le obedecieran y le siguieran. Los Reyes Magos lo hicieron con toda humildad, un gesto que simboliza el reconocimiento del mundo pagano de esta Verdad. Eso es lo más importante que hay que celebrar en esta fecha. La revelación, es decir, la Epifanía, que confirma la divinidad del Santo Hijo de Dios hecho hombre, que en el futuro sacrificará su vida en nombre de la salvación de todos nosotros.

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